Iglesia Pentecostal Emmanuel

06. Las ordenanzas de la Iglesia

a.       El bautismo en agua

La ordenanza del bautismo por inmersión es un mandato en las Escrituras. Todo el que se arrepiente y cree en Cristo como Señor y Salvador debe ser bautizado. De este modo, la persona declara al mundo que ha muerto espiritualmente con Cristo y que también ha resucitado en el mismo sentido con el para andar en novedad de vida (Mateo 28:19; Marcos 16:16; Hechos 10:47,48; Romanos 6:4).

1

2

3

Nuestras Creencias

1

2

3

b.      La Cena del Señor

La Cena del Señor, que consiste de dos elementos: el pan y el fruto de la vid, es el símbolo que expresa nuestra participación en la naturaleza divina de nuestro Señor Jesucristo (2Pedro 1:4); un acto conmemorativo de su sufrimiento y muerte (1 Corintios 11:26); y una profecía de su segunda venida (1 Corintios 11:26); y es un mandato para todos los creyentes “hasta que el venga”.

07. El Bautismo en el Espirítu Santo

Todos los creyentes pueden y deben anhelar ardientemente la promesa de Padre, el  bautismo en el Espíritu Santo, según el mandato de nuestro Señor Jesucristo. Esta era la experiencia normal de todos en la iglesia cristiana primitiva. Junto con ella viene la provisión de los dones y sus usos en la obra del ministerio (Lucas 24:49; Hechos 1:4-8; 1 Corintios 12:1-31). Esta experiencia es diferente y posterior a la experiencia del nuevo nacimiento (Hechos 8:12-17; 10:44-46; 11:14-16; 15:7-9). Con el bautismo en el Espíritu Santo la persona vive experiencias como una plenitud del Espíritu (Juan 7:37-39; Hechos 4:8), una profunda consagración a Dios y dedicación a su obra (Hechos 2:42), y la manifestación activa de más amor por Cristo, su Palabra, y los perdidos (Marcos 16:20).

El bautismo de los creyentes en el Espíritu Santo es atestiguado por la señal física inicial de hablar en otras lenguas, como el Espíritu las imparte (Hechos 2:4).

08. La evidencia del bautismo en el Espirítu Santo

09. La Santificación

La santificación es un acto de separación del mal y dedicación a Dios (Romanos 12:1, 2; 1 Tesalonicenses 5:23; Hebreos 13:12). Las Escrituras enseñan una vida de santidad, “sin la cual nadie vera a Dios” (Hebreos 12:14). Gracias al poder del Espíritu Santo podemos obedeced el mandato: “Sed santos, porque yo soy santo” (1 Pedro 1:15,16). Ver también Romanos 6:1-11.13; 8:1, 2,13; Gálatas 2:20; Filipenses 2:12,13; 1 Pedro 1:5).
aaaaaaaaaaaaiii